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21 agosto, 2017

Los Ribera del Duero, a la vanguardia de la enología

Hace aproximadamente 2.000 años, los fenicios, a través de sus comerciantes, introdujeron en la península sus técnicas de cultivo y producción de vino. Varios siglos después, los romanos descubrieron la calidad de los “caldos de hispania”. Los vinos de Ribera del Duero eran utilizados para abastecer a los ejércitos, y hoy en día se pueden encontrar mosaicos con motivos ornamentales relacionados con el Dios Baco, como puede ser en Baños de Valdemorados, (a 15 kilómetros de Aranda del Duero).

En el año 1925 se comenzó a regular la cosecha de la vid y desde el siglo XV se comenzó también a controlar la producción y la calidad del vino.

En la actualidad la superficie de viñedo comprende 22.319 hectáreas, y consta de 8.258 viticultores y 308 bodegas. Todo esto repartido en una franja de la cuenca del río Duero de aproximadamente 115 kilómetros de longitud y 35 ancho, de la que participan diferentes municipios de las provincias castellanoleonesas, estos son, 19 municipios de la provincia de Soria, 60 localidades burgalesas, cuatro pertenecientes a la provincia de Segovia, y 19 vallisoletanos, representando aproximadamente el 2% de la extensión nacional dedicada al cultivo de la uva.

Río Duero

Cultivo

Según detalla el Consejo Regulador, las específicas condiciones climatológicas que caracterizan el cultivo de la vid en La Ribera del Duero, tienen gran influencia a lo largo del ciclo vegetativo de las viñas, desempeñando un papel fundamental en el desarrollo de la planta y la maduración de la uva. De estas condiciones climatológicas especiales depende la calidad del vino.

En líneas generales la climatología de la Ribera del Duero se caracteriza por una pluviometría baja-moderada, entre 400 y 600 mm de lluvia al año, que unida a sus veranos secos y sus inviernos largos y fríos con acusadas oscilaciones térmicas a lo largo de sus estaciones, le enmarcan dentro de un clima mediterráneo cuyo carácter principal es la continentalidad.

En cuanto al suelo, la Ribera del Duero se localiza en la meseta septentrional de la Península Ibérica, formada por un antiguo zócalo arrasado y, en parte, recubierto por sedimentos terciarios. El mayor volumen de estos sedimentos está constituido por capas más o menos lenticulares de arenas limosas o arcillosas, y destaca la alternancia de capas, tanto de calizas como de margas e, incluso, de concreciones calcáreas.

La cuenca ribereña, formada durante el Mioceno, presenta niveles horizontales, suavemente ondulados, limitados por la erosión diferencial, y convertidos hoy al estado de penillanura. El relieve de la zona oscila entre las lomas interfluviales, con cotas de 911 metros, y los valles, con una altura topográfica situada entre los 750 y 850 metros.

Tipo de uva y D.O.

Los vinos de Ribera del Duero son en su amplia mayoría tintos, por lo que la uva fundamentalmente cosechada es la conocida genéticamente como “Tinta del país”, o conocida en el mundo del vino como “Tempranillo”, la cual constituye más del 90% de la producción, y es que según el Consejo Regulador, para que el vino pueda acogerse a la Denominación de Origen debe incluir al menos un 75% de Tempranillo en su producción. En total, no menos del 95% de la uva debe ser Tempranillo, Cabernet Sauvignon, Merlot y Malbec. Las uvas Garnacha y Albillo están permitidas, pero en pequeñas cantidades.

Desde el año 1975 se comenzó a hablar del potencial de los vinos de esta región del Duero y la creación de la denominación de origen, que no hubiera sido posible sin la dedicación de Jesús Anadón (antiguo gerente de Vega Sicilia) y  Pablo Peñalba (entonces gerente de y propietario de Torremilanos). El siguiente paso se dio cuatro años más tarde, en 1979 se reconoció de manera provisional la Denominación de Origen Ribera del Duero, que quedaría constituida de manera definitiva en 1982. Actualmente el Consejo Regulador se encuentra en la localidad de Roa, en Burgos, y vela constantemente para mantener una calidad que ha sido reconocida por especialistas tanto nacionales como internacionales, así como los consumidores.

Uvas en Ribera del Duero

Tipo de vinos

Actualmente existen más de 1.200 marcas que en su etiqueta llevan insertada la Denominación de origen Ribera del Duero. Pero para ello, los vinos han de ser producidos y elaborados bajo la reglamentación de la Denominación de Origen Ribera del Duero, y para tener derecho a la misma deben ser sometidos y superar un proceso calificador desarrollado por el Consejo Regulador.  La calificación procede de un riguroso análisis físico, químico y biológico.

El Tinto Joven se caracteriza por su pronta comercialización una vez  acabada la campaña de vendimia, pues su permanencia en barrica es inferior a doce meses. Visualmente muestra un color rojo guinda muy intensa con ribetes azulados, añil, violeta y púrpura. En la nariz presenta aromas primarios acentuados y densos, en la gama de la fruta madura y bayas silvestres. Y en cuanto a la fase gustativa se caracteriza por su plenitud de sabores, ofrece un aporte tánico, complementado con una equilibrada acidez que le confiere viveza.

El Crianza se caracteriza por haber permanecido como mínimo doce meses en una barrica de roble y se comercializa con posterioridad al 1 de octubre del segundo año tras la vendimia. Visualmente se aprecia colores que evolucionan de un profundo rojo picota a un rojo guinda. Su olor parte de una base frutal intensa, que ensamblan con matices propios de las maderas nobles, abarcando desde los especiados de vainilla, regaliz o clavo, hasta los tostados y torrefactos. Gustativamente resulta carnoso, de componente tánica equilibrada su paso en boca es aterciopelado, pleno de sabores, manifestando una amplia persistencia y potente retronasal.

Vinos Crianza y Reserva de la Ribera del Duero

El Reserva es un vino con 36 meses de envejecimiento entre barrica y botella, cumpliendo un mínimo de doce meses en barrica. Llega al mercado con posterioridad al 1 de diciembre del tercer año tras la vendimia. A la vista sus tonos varían del rojo picota granate al rojo rubí. En su fase olfativa presenta profundos aromas de fruta sobremadura y confitada combinados con otros como cuero, almizcles, minerales y balsámicos. Y en su degustación es  carnoso, potente y equilibrado, resulta amplio y robusto en boca. Vía retronasal larga y persistente que potencia los aromas propios del envejecimiento.

El Gran Reserva se caracteriza por tener un periodo de curación de 60 meses entre barrica y botella, cumpliendo un mínimo de 24 meses en barrica. Llega al mercado con posterioridad al 1 de diciembre del quinto año tras la vendimia. En su fase visual presenta varias tonalidades desde el rojo granate hasta el rubí, pudiéndose observas matices teja. Para el olfato presenta aromas terciarios adquiridos durante su envejecimiento sugieren una amplia gama de matices tostados, maderas nobles, especias, caza, esto sobre una base de frutas compotadas. Al paladar mantiene una evidente viveza y armonía que confirman su acreditada longevidad.

Por su parte, el Rosado se caracteriza por fermentar sin el hollejo de la uva y su pronta comercialización tras la campaña de vendimia. Visualmente Presenta un tono rosa fresa, con destacables matices rosa grosella y tenues irisaciones violáceas. Su olor presenta aromas frutales con matices característicos de bayas silvestres y fruta madura, típicos de las variedades Tempranillo y Albillo. Po último, su sabor resulta afrutado y fresco, manifestando una atractiva acidez.

Lo cierto es que los Ribera del Duero son de los vinos más vendidos en España, tan solo se encuentran por detrás de los Rioja, y que más prestigio internacional han adquirido. Esto no es de extrañar sí se observan  la calidad de las añadas de los últimos 30 años, tan solo en dos ocasiones la calidad de la producción ha sido regular (años 1982 y 1993), en las demás ha sido buena, y en la mayoría de las ocasiones para buen vino que se precie, muy buena y excelente.

 

Denominaciones de Origen
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